Nosotros

INTRODUCCION

Los estudios de neuroimagen han demostrado que el cerebro promedio en pacientes con esquizofrenia es funcional y estructuralmente diferente del de los controles sanos (Wright 2000, Crossley 2016). Los estudios basados ​​en IRM han mostrado diferencias entre el subgrupo de pacientes que responden y los que no responden al tratamiento (Sarpal 2016, Crossley 2017). Del mismo modo, los estudios han mostrado diferencias en la resonancia magnética en aquellos pacientes de alto riesgo que desarrollan esquizofrenia de aquellos que no lo hacen (Pantelis 2003, Cannon 2015). Sin embargo, ha sido difícil pasar de los resultados grupales a los biomarcadores de sujetos individuales que podrían proporcionar datos clínicos útiles para contribuir a una agenda de medicina de precisión. Los biomarcadores de imágenes son muy necesarios en esta área.

EL PROBLEMA

La mayoría de los estudios de imagen en esquizofrenia y otros problemas de salud mental se han centrado en la corteza cerebral, dejando un área cerebral importante poco estudiada, a saber, el tronco encefálico. El tronco encefálico es la ubicación de varios núcleos pequeños de neuronas de gran importancia para el funcionamiento del cerebro, como la sustancia negra, el locus ceruleus y los núcleos de rafe, que proporcionan el tono neuromodulador al cerebro (Lee 2012). La sustancia negra es la fuente neuronal del tono dopaminérgico en el cerebro, y existe un acuerdo generalizado de que este sistema es fundamental para la fisiopatología de la esquizofrenia y otras psicosis (McCutcheon 2019). Una situación similar ocurre con el locus ceruleus (adrenalina, importante para trastornos como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y los núcleos del rafe (serotonina, importante para los trastornos depresivos y de ansiedad). El papel del daño presintomático de estos y otros núcleos del tronco encefálico se ha identificado como marcadores de fases prodrómicas / presintomáticas de individuos con alto riesgo de desarrollar Parkinson u otros trastornos neurodegenerativos, y la esperanza es que esta fase prodrómica pueda ser una oportunidad. para neuroprotección (Postuma 2016). Un enfoque basado en la resonancia magnética que podría examinar estos núcleos pequeños y neuroquímicamente diversos podría resolver la mayoría de estos problemas y posiblemente ofrecer nuevos biomarcadores para problemas graves de salud mental. Dos técnicas específicas de resonancia magnética (susceptibilidad y difusión) podrían caracterizar adecuadamente estos núcleos y proporcionar biomarcadores prometedores para la respuesta al tratamiento y el pronóstico.

LA PROPUESTA

Proponemos un enfoque colaborativo para desarrollar nuevos biomarcadores basados ​​en imágenes del tronco encefálico humano que podrían contribuir a la prevención primaria y secundaria en la esquizofrenia.

Las preguntas científicas que guían nuestra colaboración son las siguientes: 

  • ¿Pueden la susceptibilidad y la difusión basadas en IRM caracterizar los núcleos del tronco encefálico humano estructural y neuroquímicamente, como la sustancia negra? 
  • ¿Podría la información de direccionalidad agregada a las imágenes de susceptibilidad (es decir, imágenes de tensor de susceptibilidad) proporcionar una mejor imagen de los núcleos del tronco encefálico? 
  • ¿Existen cambios estructurales y neuroquímicos en la sustancia negra en la esquizofrenia que son anteriores al trastorno y marcan una respuesta deficiente al tratamiento?